¿Quién soy yo para mi?

Ese es el primer concepto que deberíamos saber responder sin pensar demasiado. Es curioso que podemos responder esto mismo de casi cualquier persona cercana a nuestro entorno, pero cuando nos lo preguntamos sinceramente a nosotros las reacciones y respuestas no suelen ser de las mejores, ¿verdad?

Bien, mirémonos a un espejo, de cuerpo entero si es posible. Ésa o ése soy yo. Todo lo que compone ese reflejo soy yo. Soy la imagen exterior que ofrecemos al mundo, con su significado (tanto el que pretendemos dar como el que quieren recibir), soy la cara y los gestos que me ofrezco a mi misma y a los demás, soy mi mirada, soy los pensamientos que navegan en esa cabecita reflejada, soy los miedos que acechan mi día a día, soy mis fracasos y mis victorias, mis remansos de paz y mis guerras abiertas. Soy mis valores, mis principios, mis argumentos para todo, mis mentiras y verdades, la realidad que creo en mi cabeza y mi forma de vivirla fuera. En definitiva soy todo lo que compone esa persona que te mira en el espejo.

Obsérvate, como si la vieras por primera vez pero con la sabiduría de poder responder por ella en cada acción y pensamiento que tiene. Mírate desde fuera, como si el que mira no fueses tu mismo/a, ¿qué ves? ¿te gusta? ¿responderías por esa persona frente al mundo? ¿la conoces? ¿sabrías darle explicación a cada acción o pensamiento que tiene?

Te digo una cosa, pienses lo que pienses merece la pena conocer a esa persona del espejo más a fondo, porque puede que te encuentres con que es el amor de tu vida, la persona con la que seguro vas a compartir todo en esta vida, lo bueno y lo malo, los fracasos y las victorias, y que sin duda va a estar ahí siempre para animarte o para hundirte. Eso depende de ti y tu relación contigo mismo.

Plantéatelo de esta manera: desde que naciste estas unido a ti y seguirá así hasta el día en que fallezcas. Sé que parece una tontería, pero es una de las verdades más importantes que debes aprender. Eres la primera persona en la que confiar, la primera a quien contarle tus cosas, la que siempre te escucha y de la que solo te responderá con sinceridad si se lo permites. Te hará disfrutar, soñar, reír a solas a carcajadas, se preocupará de ti como nadie lo hará nunca, porque entre otras cosas te va a conocer como nadie.  Si te hablaran de alguien así, ¿no querrías ir corriendo a conocerlo/a?

Bueno, pues empecemos a hacerlo. El primer paso es aprender a hablar con nosotros mismos, saber dialogar sin insultar, menospreciar, atacar, etc. No, todo lo contrario, tendremos que encontrar el espacio diario para sentarnos con nosotros y ver cómo estamos, hablarnos, porque así y solo así podremos ir conociendo a la gran persona que se esconde en el espejo.

Y sé que a muchos les parecerá una pérdida de tiempo, pero es la acción más sana y fortalecedora que podéis hacer. No se necesita nada en especial, como cuando quedas con un amigo para escuchar que tiene que contar, participar de sus sentimientos y procurar aliviar sus problemas; pues esto es exactamente igual.

Al principio, por la falta de práctica, podemos empezar a utilizar otras técnicas que nos allanen un poco el camino, como la escritura. Ponte en un sitio cómodo, a solas (muy importante), échate tu café o tu copa de vino y disponte a escucharte. Hazte preguntas básicas al principio: ¿Cómo estoy? ¿Qué estado de ánimo me domina ahora? ¿Por qué? ¿Qué he pensado para sentirme así? ¿Reaccioné como me hubiera gustado? si es que no, ¿Por qué? ¿Qué puedo hacer ahora para sentirme mejor? Si puedo solucionarlo, ¡bien!, voy a hacerlo. Si no puedo solucionarlo ahora, tampoco tengo porqué arrastrar ese sentimiento si no me hace sentir bien. Aconséjate, pues nadie mejor que tu sabes lo que ocurre y porqué es importante para ti.

Solo hay una regla: están prohibidos los insultos, las expresiones de menosprecio o cualquier forma de ataque hacia ti mismo/a. Eso no quiere decir que no seas objetivo (todo lo que se puede en este contexto) y veas qué hiciste mal o bien. Es obvio que hay que saber ser crítico con uno mismo, conocer tus limitaciones, tus fallos; pero el objetivo no es la critica destructiva, la humillación o el maltrato hacia uno mismo. No, el objetivo es la crítica constructiva, y para eso hay que usar un lenguaje constructivo, positivo, fortalecedor, “calmante”. Sincero pero no hiriente. Vamos, como si hablaras con otra persona que te importa, no?

Cuánto más hables contigo mismo más te conocerás y mejor sabrás el origen de tus reacciones, tus pensamientos, tus frustraciones, etc. También tendrás ocasión, seguro, si eres objetivo, de observar tus victorias diarias, tus logros, aquello que haces, dices o piensas que te hace sentir bien y podrás ir haciéndote una mejor imagen de ti mismo, conociéndote y aprendiendo a reforzarte en los malos momentos y a premiarte en los buenos.

Claro que este proceso no es un camino de rosas, o más bien, es de rosales, con espinas incluidas. ¿Por qué? pues porque generalmente tendemos a cansarnos de nosotros mismos muy pronto, a no tener un verdadero interés en mejorar para que aquella figura del espejo se parezca cada vez más a la imagen que defenderíamos frente al mundo ¿y sabéis por qué? Porque somos los responsables únicos de esa forma de ser… Y esta explicación merece otra entrada en el blog, amigos, porque me gustaría explayarme bien.  Creo muy importante este punto, así que lo abordaremos en breve.

 

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