Autorresponsabilidad: Responsabilizarse de la propia vida

“Somos responsables únicos de nuestra forma de ser, de nuestra vida y de nuestra felicidad”

La primera vez que escuché esta afirmación se me vinieron a la mente muchos argumentos en contra. De hecho rechacé la frase y la incluí en ese cajón de frases bonitas pero que no son realistas, como las que leemos en Facebook, Instagram, etc. Sabéis a cuales me refiero, verdad?

Os voy a ir exponiendo en este y siguientes blogs algunos de esos argumentos que utilicé para no creerme tal afirmación. De igual manera pretendo explicar como cada uno de esos argumentos se fueron desmoronando poco a poco con el paso del tiempo, la experiencia, y bueno… al empezar a creer que quizás la frasecita tenía algo de cierto…

Lo primero que pensé fue: “Mi forma de ser está muy condicionada con mi educación, mi cultura, dónde vivo, etc. y eso no lo he elegido yo. Por lo tanto no dependía de mi”. Bien, es cierto que la educación que nos dan desde pequeños, al menos en la parte del mundo donde me ha tocado nacer, no favorece para nada un estilo de pensamiento libre, que facilite la critica constructiva, que nos enseñe a hablar con nosotros mismos como seres independientes. Eso es cierto, pero en general no creo que haya muchos sitios en el mundo que favorezcan o eduquen en este sentido, por una sencilla razón, la educación la conforman el conocimiento (escuela, colegios, institutos, etc.) y la cultura (valores adquiridos en sociedad o en la unidad familiar). Bien, en ninguno de los dos casos importa cómo esa persona se relaciona consigo misma, sino como actúa en sociedad.

Interesan personas con (al menos) un mínimo de nivel educativo para evitar problemas sociales en muchos ámbitos (de salud, de pobreza, de empleo, etc.) y personas que mantengan las reglas sociales establecidas (normas de comportamiento social, generalmente públicas) y las tradiciones (que básicamente, muy básicamente, sirven para cohesionar un poco más a la población. Refiriéndome a mi localidad, tu puedes ser del partido politico que seas o del equipo de fútbol que quieras y pertenecer a la misma hermandad de Semana Santa que el totalmente opuesto a ti, basándose en sentimientos de pertenencia a un grupo en concreto).

Como podéis ver todo es reglamentar nuestra vida en sociedad, no hay una entidad que te eduque a tratar contigo mismo porque a la sociedad de poco le sirve. Suena crudo, pero es verdad. De hecho las metas que nos establecíamos (parece que la tendencia es a cambiar esto) solían ser metas “interesantes” socialmente hablando: terminar unos estudios (lo explicado arriba), tener pareja/familia (perpetuar la sociedad), tener una casa (invertir en la sociedad), tener un trabajo (ser una inversión para la sociedad, un ente activo)… y así podría seguir.

Para la sociedad lo único importante es corregir los síntomas que hagan salirte de esta normativa generalizada. Si tienes ansiedad porque no eres feliz, te mandan al médico de cabecera, te medica, y vuelta a la rueda. Si vas cabreado al trabajo todos los días porque no te gusta tu vida, bueno, te aguantan tus compañeros/clientes y si te pasas demasiado te despiden o te dan un correctivo para que vuelvas a la rueda. Si empiezas a enfermar a causa de tu infelicidad, a somatizarlo todo, bueno, te vas al medico y empiezas a tomar pastillas para dormir, para la acidez de estómago, para los dolores de cuello y espalda, etc. Tapan los síntomas, pero nunca nadie te pregunta cómo va tu vida, si eres feliz, de dónde viene esa ansiedad, etc. Es más, raro es el médico que pregunta de dónde viene el síntoma (y no me refiero a pruebas diagnósticas para cerciorarse de la enfermedad, claro).

En definitiva, no hay por qué educarte en el autoconocimiento. Al menos hasta hace unos años que esta tendencia está cambiando poco a poco.

En cuanto a la familia… bueno, esta parcela es menos homogénea, pero generalmente la educación que nos dan es siempre respecto a los demás. Es el nido donde nos enseñan desde pequeñitos a aceptar todo lo que después tendremos que asumir como miembros de nuestro entorno. Nos dicen qué está bien, qué esta mal, y bueno, muy muy muy a grosso modo crean los patrones de nuestro entorno dentro de casa. En cuanto a nuestro crecimiento personal, más bien se limitan (el 90% de las veces por carecer de otras herramientas o conocimientos) a que no hagamos nada fuera lo normal. Volvemos al síntoma: si un chico empieza a cambiar su comportamiento en clase, a retar a sus padres, a cambiar su forma de vestir por otra igual que sus amigos, etc. lo que la mayoría de las familias entienden es que está en la adolescencia y bueno, todo eso es normal. Sí, es normal que el adolescente cambie, está formándose como persona, pero eso no quiere decir que lo que haga no requiera de apoyo. No me refiero sólo a un correctivo, una bronca, un castigo, etc. No, me refiero a que los adultos se interesen por el motivo de ese cambio, que está pretendiendo conseguir con eso, que valores están en juego, que está tratando de evitar… en fin, educarlo en conocerse y en individualizarse. Claro que esto se debe de empezar a hacer cuando eres un niño pequeño, no ahora… pero más vale tarde que nunca, no?

Bueno, vuelvo al tema. No hay ningún organismo público o privado, del ámbito social o personal, que incluya en sus planes el autoconocimiento de la persona… o no lo había, ya que hoy en día sí hay muchos profesionales (psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, etc.) que están tratando de enseñar pautas para llegar a ese fin.

Por lo que realmente no es motivo tu entorno, tu educación, etc. para que defiendas tu falta de responsabilidad sobre tu felicidad. Simplemente no les correspondía a ellos. Te corresponde a ti. Obviamente a menor nivel de educación y de relaciones sociales, más difícil es que nos demos cuenta de esto, pero si uno quiere llegar a un objetivo, no hay educación o norma social que le impida darse cuenta de que algo no va bien en él/ella. ¿Acaso no buscamos siempre un motivo para explicar cuando nos sentimos mal? “es que hoy mi jefe… es que tengo un compañero que me pone de los nervios… es que mi pareja hoy me ha dicho… es que mi madre/padre/hermano se han puesto hoy conmigo… es que he cogido un atasco… es que… es que…” En el momento en que eres capaz de ver que algo no va bien en tu vida está en tu mano tomar las riendas de tu felicidad.

Antes de terminar la entrada de hoy quería comentar que en ningún momento menosprecio la labor ni de profesores, ni de médicos, etc. Simplemente trato de explicar que no es su labor formarnos en autoconocimiento.

Bueno, para la próxima entrada otro argumento… ¿Estás de acuerdo con este? ¿Que piensas al respecto?

 

¿Quién soy yo para mi?

Ese es el primer concepto que deberíamos saber responder sin pensar demasiado. Es curioso que podemos responder esto mismo de casi cualquier persona cercana a nuestro entorno, pero cuando nos lo preguntamos sinceramente a nosotros las reacciones y respuestas no suelen ser de las mejores, ¿verdad?

Bien, mirémonos a un espejo, de cuerpo entero si es posible. Ésa o ése soy yo. Todo lo que compone ese reflejo soy yo. Soy la imagen exterior que ofrecemos al mundo, con su significado (tanto el que pretendemos dar como el que quieren recibir), soy la cara y los gestos que me ofrezco a mi misma y a los demás, soy mi mirada, soy los pensamientos que navegan en esa cabecita reflejada, soy los miedos que acechan mi día a día, soy mis fracasos y mis victorias, mis remansos de paz y mis guerras abiertas. Soy mis valores, mis principios, mis argumentos para todo, mis mentiras y verdades, la realidad que creo en mi cabeza y mi forma de vivirla fuera. En definitiva soy todo lo que compone esa persona que te mira en el espejo.

Obsérvate, como si la vieras por primera vez pero con la sabiduría de poder responder por ella en cada acción y pensamiento que tiene. Mírate desde fuera, como si el que mira no fueses tu mismo/a, ¿qué ves? ¿te gusta? ¿responderías por esa persona frente al mundo? ¿la conoces? ¿sabrías darle explicación a cada acción o pensamiento que tiene?

Te digo una cosa, pienses lo que pienses merece la pena conocer a esa persona del espejo más a fondo, porque puede que te encuentres con que es el amor de tu vida, la persona con la que seguro vas a compartir todo en esta vida, lo bueno y lo malo, los fracasos y las victorias, y que sin duda va a estar ahí siempre para animarte o para hundirte. Eso depende de ti y tu relación contigo mismo.

Plantéatelo de esta manera: desde que naciste estas unido a ti y seguirá así hasta el día en que fallezcas. Sé que parece una tontería, pero es una de las verdades más importantes que debes aprender. Eres la primera persona en la que confiar, la primera a quien contarle tus cosas, la que siempre te escucha y de la que solo te responderá con sinceridad si se lo permites. Te hará disfrutar, soñar, reír a solas a carcajadas, se preocupará de ti como nadie lo hará nunca, porque entre otras cosas te va a conocer como nadie.  Si te hablaran de alguien así, ¿no querrías ir corriendo a conocerlo/a?

Bueno, pues empecemos a hacerlo. El primer paso es aprender a hablar con nosotros mismos, saber dialogar sin insultar, menospreciar, atacar, etc. No, todo lo contrario, tendremos que encontrar el espacio diario para sentarnos con nosotros y ver cómo estamos, hablarnos, porque así y solo así podremos ir conociendo a la gran persona que se esconde en el espejo.

Y sé que a muchos les parecerá una pérdida de tiempo, pero es la acción más sana y fortalecedora que podéis hacer. No se necesita nada en especial, como cuando quedas con un amigo para escuchar que tiene que contar, participar de sus sentimientos y procurar aliviar sus problemas; pues esto es exactamente igual.

Al principio, por la falta de práctica, podemos empezar a utilizar otras técnicas que nos allanen un poco el camino, como la escritura. Ponte en un sitio cómodo, a solas (muy importante), échate tu café o tu copa de vino y disponte a escucharte. Hazte preguntas básicas al principio: ¿Cómo estoy? ¿Qué estado de ánimo me domina ahora? ¿Por qué? ¿Qué he pensado para sentirme así? ¿Reaccioné como me hubiera gustado? si es que no, ¿Por qué? ¿Qué puedo hacer ahora para sentirme mejor? Si puedo solucionarlo, ¡bien!, voy a hacerlo. Si no puedo solucionarlo ahora, tampoco tengo porqué arrastrar ese sentimiento si no me hace sentir bien. Aconséjate, pues nadie mejor que tu sabes lo que ocurre y porqué es importante para ti.

Solo hay una regla: están prohibidos los insultos, las expresiones de menosprecio o cualquier forma de ataque hacia ti mismo/a. Eso no quiere decir que no seas objetivo (todo lo que se puede en este contexto) y veas qué hiciste mal o bien. Es obvio que hay que saber ser crítico con uno mismo, conocer tus limitaciones, tus fallos; pero el objetivo no es la critica destructiva, la humillación o el maltrato hacia uno mismo. No, el objetivo es la crítica constructiva, y para eso hay que usar un lenguaje constructivo, positivo, fortalecedor, “calmante”. Sincero pero no hiriente. Vamos, como si hablaras con otra persona que te importa, no?

Cuánto más hables contigo mismo más te conocerás y mejor sabrás el origen de tus reacciones, tus pensamientos, tus frustraciones, etc. También tendrás ocasión, seguro, si eres objetivo, de observar tus victorias diarias, tus logros, aquello que haces, dices o piensas que te hace sentir bien y podrás ir haciéndote una mejor imagen de ti mismo, conociéndote y aprendiendo a reforzarte en los malos momentos y a premiarte en los buenos.

Claro que este proceso no es un camino de rosas, o más bien, es de rosales, con espinas incluidas. ¿Por qué? pues porque generalmente tendemos a cansarnos de nosotros mismos muy pronto, a no tener un verdadero interés en mejorar para que aquella figura del espejo se parezca cada vez más a la imagen que defenderíamos frente al mundo ¿y sabéis por qué? Porque somos los responsables únicos de esa forma de ser… Y esta explicación merece otra entrada en el blog, amigos, porque me gustaría explayarme bien.  Creo muy importante este punto, así que lo abordaremos en breve.

 

¿Por dónde empiezo?

Eso mismo me he preguntado yo cuando he querido plantear todo lo que tengo en mi cabeza. Y creo que lo haremos así: primero conozcámonos nosotros, busquemos la forma de llevarnos bien con nosotros mismos, de estar a gusto a solas; y luego procuraremos entender lo que ocurre a nuestro alrededor y cómo hacer para vivir en nuestro entorno manteniendo la Felicidad como indicador de que lo estamos haciendo bien.

Ya comento aquí que va a ser difícil separar nuestro mundo interior del mundo que nos rodea, puesto que conformamos nuestra personalidad, nuestros criterios, todo lo que está “dentro” de nosotros conforme a la relación (o a la falta de ésta) con los demás y con nuestro entorno; entendiendo entorno como todo lo que nos afecta: personas cercanas, personas ajenas, dónde vivimos, cultura, tradición, clima, sentidos (o falta de los mismos), etc. Todo influye en cómo somos y cómo nos comportamos, de la misma manera todo es susceptible de ser importante o nimio. Depende de nosotros, créeme, solo de nosotros.

He decidido empezar por el auto conocimiento porque considero que es más importante y fortalecedor tener una buena base propia antes de tratar de entender lo que ocurre fuera y cómo encajamos ahí. Para empezar, si eres sólido, quizás te des cuenta de que no tienes que encajar… pero eso ya lo veremos más adelante.

Eso no quiere decir que olvidemos dónde estamos y que somos seres sociales. Esta otra parte de nosotros la abordaremos más adelante, comprendiendo qué papel jugamos, tratando de poner orden en los sucesos diarios, y procurando no perder nuestro rumbo, el faro guía de la Felicidad.

Al final veremos cómo tú y solo tú tienes las riendas en todo momento de lo que piensas y haces. Y aunque suena bonito, como frase motivadora, te digo que no es decisión fácil, ya que implica hacerte plenamente responsable de todo lo que a ti concierne, no tender a culpar a nadie ni nada… Ya no suena tan bien, verdad?

Bueno, comencemos por el principio… ¿Quien eres?

Empezando la andadura

Antes de nada creo que lo mejor será que me presente y os cuente que hago aquí y porqué abrí este blog.

Mi nombre es Rocío y ante todo soy aprendiz. Trato de aprender de todo lo que ocurre a mi alrededor porque considero la vida como un buen libro en el que cada capítulo avanzas en tu propia vida. Como en una novela en la que al protagonista le van ocurriendo sucesos y estos hacen que avance la historia, así ocurre mi vida: suceden cosas que hacen que me enfrente a situaciones nuevas, situaciones de las que siempre se puede aprender algo.

Con el tiempo aprendí que el conocimiento es la mayor y más grande herramienta al alcance de todos para aprender a vivir, porque (y esta es la primera lección que tuve que aprender) hay que aprender a vivir: nadie nace sabiendo que hacer con su vida, con sus experiencias, sus desengaños, sus ilusiones, su emociones… Esto es algo que vamos aprendiendo, y que en muchas ocasiones “mal aprendemos” por falta de esto mismo: herramientas, conocimiento, cultura sobre formas de vida.

Yo por muchos motivos (personales, profesionales, familiares, etc.) he tenido la posibilidad de enfrentarme a muchas situaciones en las que yo he sido mi propia herramienta, en las que solo me tenía a mi para salir del “atolladero” en el que me encontraba, y por eso aprendí a valorar este tipo de conocimiento y a emplearlo. Evidentemente no aprendí sola, tuve la suerte de contar con grandes y fuertes pilares que me orientaron, y con grandes profesionales que me ayudaron a dar esos pasos necesarios para aprender de dentro hacia afuera. Primero conocerte tu, en profundidad, saber vivir contigo a solas, para luego salir al mundo y hacer lo que corresponde con los demás.

Y ese es el motivo por el que me encuentro al inicio de este blog. Quiero poder ayudar a personas que como yo tienen o quieren aprender a vivir siendo felices, no por lo que les ha tocado, sino por como saben disfrutar de lo que les ha tocado. El camino a la felicidad es largo, de hecho no acaba nunca, y eso hace realmente indispensable aprender a andarlo, porque es un regalo cuando sabes paladearlo, y un castigo cuando te toca aguantarlo…

¿Empiezas la andadura conmigo? Te aseguro que merece la pena aprender a ser feliz. ¡Ánimo y ponte en marcha!